18/12/11

Alrededor

Delante: Madre e hija deciden qué comprar. Una quiere sándwich y otra ensalada; discuten por el postre. Las nalgas de cada una no le hacen justicia a la ropa de gimnasio que portan.
Al lado: Un señora que ronda los 50 años -empleada- barre, sin mucho cuidado, la zona cercana a la caja.
Al otro lado: Una pareja joven se besa una y otra vez. El chico se anima a abrazar a la chica dejando al descubierto un tatuaje que dice “Forgive me”. Les acompaña la suegra también con cabellera dorada falsa.
Detrás: Dos niños vestidos con camisas Columbia haciendo la cola para comprar unos dulces que se habían ganado, según le recuerda la mujer que les acompaña. 
         Niño S.: ¿Tú, te quieres casar algún día?
         Niño I.: Sí -responde asintiendo con la cabeza.
         Niño S.: Entonces, ¡no dejes que te barran los pies!
         Niño I.: ¿Ah?
         Niño S.: Sí. Si te barren los pies, no te casas.
         Niño I.: ¿Quién dijo?
         Niño S.: Eso lo dice… es algo que tiene mucho tiempo y es algo que ha pasado - dice el niño mirando a los lados.

 Greilysu

28/9/11

de camino

pasearme por tu mente, ese es mi objetivo. No te asustes que sé que soy pasajero. te murmullo y te convenzo sin acción ni arrepentimiento.


23/9/11

Compañero de la noche


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- Acaríciame la espalda y recoge mis cabellos como tanto me gusta. Se siente tan bien cuando tus manos frías avivan mi cuerpo, tan cansado del silencio y del conformismo. ¿Ves por la ventana? Casi no queda nadie. Sólo una luna borrosa que me recuerda la miseria en que me he convertido, pero tú estás aquí hoy.
- Recuéstate y deja que mis manos burlen tu mente. Por minutos le haremos creer que yo tengo sentido, que la compañía te es merecida y que dos son más que uno.
Para Anabela mimetizarse con la gente tuvo sentido hasta hace unos meses atrás. Aquella noche, como todas, se dirigió al baño alejándose del cuerpo jadeante que completaba su cama. El crescendo de los ronquidos de aquel hombre, su hombre por elección, aumentaba siempre su zozobra, pero lograba calmarla con una cachetada de agua fría y una dosis de somníferos. A lo lejos se escuchaba el éxtasis de dos gatos que maullaban sin reparar en los demás. Tal arrebato le llevó a buscarlos.
La idea de caminar por la vereda era descabellada, pero aún más era tener que soportar la secuela de un disfrute no compartido. Una vez decidida, Anabela se lavó la cara y guardó el somnífero en su mano. En el reverso de la puerta había una bata de baño, se arropó con ella y pasó de puntillas.
Sus pies estaban desnudos, al igual que el resto de su cuerpo; se evidenciaba la piel erizada casi traspasando la sedosa tela.  
Algunos tramos del camino estaban oscuros y otros dominados de sombras que proyectaban los faroles moribundos, pero esto no le preocupaba, ella sabía que vivía en un barrio seguro; si acaso podría toparse con un vecino, de tener suerte.    
Guiada por la agudeza de sus sentidos, finalmente, logró distinguir dos sombras en un vaivén similar al suyo. Le extrañó la simpleza del acto, ajeno a los sonidos de placer que había recreado: el gato le dominaba manteniendo un mismo ritmo y carente de expresión; debajo era más decadente, aquella gata blanca y peluda permanecía congelada, a tal punto que lo que en un momento cautivó a Anabela ahora se desmoronaba por parecer un llanto, como el que ella contenía cada noche en su almohada. Esperó que aquel acto fúnebre terminara y tomó a la gata. Estaba agotada.
El gato trató de agredirla pero ella logró hacerse de su nueva amiga sin que el episodio se convirtiera en algo más que un susto. Aquel felino la miró por unos segundos, humedeció sus bigotes con la lengua para luego seguir con su viaje. Era como su Víctor, de cabello negro, largo y despreocupado a juzgar por el andar.
La gata no aguantó muchos segundos en sus brazos; apenas pudo, se zafó. Anabela quiso retenerla y con ello la bata quedó en el piso. Allí estaba desnuda y sola. Se sentía usada, atada a sus sábanas jamás húmedas.


Grey M2


Ejercicio del taller de narrativa con Carlos Noguera

27/8/11

Sigilosa


Arrojada a la oscuridad ronronea en la sombra. Así deambula por las noches buscando un nuevo capricho que la haga invisible, una nueva razón para comenzar otra vida. Su cuerpo y andar le ceden su próxima víctima, esta vez en el día...


Cuento en proceso. La foto es el disparador de esta semana, parte de las actividades del taller de narrativa.  

31/7/11

Treinta y uno

Hace un calor insoportable y no dejo de pensarte. He optado por resignarme a tus silencios, a esta cama sin arrugas y a esta compañía que no me llena.

Ella es de cristal; estar con ella es estar conmigo, así que termino en paz siendo yo sin ti. No soy culpable de tus sin quereres pero sí de mis murallas para impedir que me destruyas una vez más y aún así las traspasas a tu gusto, cual ráfaga de viento que se cuela entre estas ventanas clausuradas.

Que cómo llegué a esto, me preguntaste hace unos días cuando finalmente dejaste de ser voz para encontrarnos en el jardín. No supe qué responderte. Estoy aquí y aquí estoy detestablemente a gusto. Es que ella no es como tú ni como yo.

Cada mañana mis párpados reciben las caricias más dulces y húmedas. Ella, Elena, me sumerge en sus brazos y me ahoga en sus labios. Siendo cómplice de su escape contamos juntas hasta treinta, justo a tiempo para escabullirse antes de que llegue la primera rutina de medicamentos. En esos segundos no quiero descubrir que es un nuevo día. Valdría más perderme en la oscuridad carente de sombras que recuerdan el infortunio de dos, de nosotros dos. Pero la luz me abre los ojos y me doy cuenta de que estoy entre paredes blancas y pasillos largos que llevan al fin de la nada. Digo treinta y uno y me encuentro sola.

Ahora deambulo por los jardines simulando que soy feliz; por momentos lo creo y termino rodando por la grama cada vez más rápido o cortando flores para impregnar mi cuarto con tu olor. Recuerdo que tu perfume favorito venía en un frasco rojo; aquí sólo hay cayenas rojas y con eso me conformo para revivirte, para inventarme la esencia de tu piel y  saciarme entre pétalos; se marchitan tan rápido y me quedo sin ti. Pero está Elena, siempre está ella.

Azul es la píldora que inhibe mi depresión y es allí cuando más la quiero. Suele hacer efecto en la tarde, cuando se nos permite compartir a solas. Su cabellera larga y ondulada se posa en mi almohada y yo siento que sus cabellos crecen hasta arroparme y no poder zafarme. Juego con ellos; primero mis dedos sienten sus finas hierbas tostadas y aterciopeladas; del centro a las puntas logro atenuar su respiración. Admiro su mirada escondida entre los lentes. Ella  los retira y a mí me entran unas ganas desaforadas de besarla. Ella se quita sus escudos, se desnuda ante mí y yo me contagio de su poder, de sentirnos libre.

No siempre es así, a veces apenas entra nos hacemos una y éstas son las veces que más disfruto. Puedo ser ella y al ser ella no soy yo, esa yo a la que únicamente le importas tú. Trasciendo, sabes, trasciendo de ti y de mí. Lástima que todo es mentira. Quisiera creer que estoy en paz, pero cuando ella no está sé que es falsa. Detesto su olor a jazmín y su delicadeza cuando se pierde en mi sexo. Necesito tu piel mojada y tus manos toscas arrebatándome hasta pedir descanso. Cómo te odio, Esteban.

Traté de revivir los gemidos que me propicias. La esperé tras la puerta y justo cuando entró la tomé por las caderas y la apreté contra mí. Elena intentó librarse pero con más fuerza la controlé. Comencé a saborear sus labios sin control, a tal punto que amarla sabía a sangre. Ella se quejó sin decir palabra y yo no estaba dispuesta a parar. Esta vez conté hasta 30 sin ella repitiendo; mis manos apretaban su cuello ejerciendo toda la intensidad acorde con sus ojos espantados. La solté cuando renuncié a la idea de ser tú. Se despidió de bata blanca y silenciosa. Jamás la he vuelto a ver y menos en este nuevo cuarto estrecho y sin ventanas. En mi cabeza cuento hasta treinta a ver si ella aparece, pero no. Cuento 31 y sigues tú.  


Escrito por: Greilysu Moreno
Para: Asignación de taller de narrativa 

29/6/11

Cuento en proceso

Poco a poco se había convertido en un enemigo que la desafiaba todas las noches, y aún así debía mantenerlo cerca. Deseaba tocarlo como antes y escucharlo como nunca. A simple vista no era más que un aparato gris, desgastado; para ella era el inicio de sus orgasmos.

Frío y silencioso le restregaba la ausencia y el olvido de aquel que la sorprendía al otro lado de la bocina. Era Jamal quien la hacía sentir mujer, impúdica, libre y sin control; y era él quien había decidido acabarla.

Acurrucados en un sofá se les hizo más natural la idea de estar juntos esa primera noche. Los besos no eran una novedad y las caricias tampoco; ya se habían convertido en la rutina de películas sin cotufas en una sala vieja y solitaria.

18/5/11

… tal vez fueron sus ojos los culpables; me observaban sin descanso y yo imaginaba que me acariciaba con sus largas pestañas; juntas recorrían mi rostro hasta llegar a jugar con las mías, y estando bien cerquita nos amábamos con la mirada y nos besábamos en cada parpadeo”.
Greilysu Moreno
Extracto de un escrito para el taller de narrativa

24/4/11

Éxtasis vagabundo

 Tres manchas marrones decoraban el techo agrietado de su habitación. Con los ojos entrecerrados trataba de convertirlas en constelaciones místicas capaces de revelar un futuro más complaciente, mejor que la frialdad que arropaba esa noche de duelos.

Un destello rojo se colaba por la ventana anunciando que el motel de la esquina aún tenía camas disponibles a las 3 am, y ella allí, en la penumbra, sin hacer nada, resignada a su cama sin dueño, sin gemidos, sin sexo. Tan sólo sus pies estaban ocultos en una fina sabana, regalo de un  cliente obsesionado con plumas y colchas sedosas.

En su rectitud se dibujaba la figura de guitarra con curvas bien perfiladas. Sus senos se desparramaban a los lados, no eran muy grandes y parecían enemistados: uno miraba al este y el otro al suroeste. Si bien poco tenía que reprocharles, deseaba que más pronto que tarde pudiese cambiarlos a 40b y así el número 40 no le recordaría a su irremediable jubilación, sino a la oportunidad de resurgir en el mercado, como le sucedió a Patty, la vecina del 8.

Cuando el cuarto quedó totalmente a oscuras, no pudo controlar su deseo de revolcarse con algún hombre. El motel ya estaba repleto y ella sin recibir la llamada que la uniría a la fiesta.  A este punto no importaba quien fuese: rechoncho, flaco o viejo, cualquiera le apetecía. Ya dominaba muy bien su mente; para ella un esperpento a la luz, pronto se convertía en  galán a la sombra. Al mínimo roce de unas manos arrugadas o grasosas su cuerpo se estremecía quedando en evidencia los pezones endurecidos. Sus manos recorrían  cuerpos desfavorecidos sin reparar en verrugas o cuerpos velludos. Siempre se venía, se venía con ella y los clientes se iban satisfechos pidiendo más.   

Sonó el teléfono y contestó antes del segundo repique. Una voz conocida sacudió su maltrecha confianza. Había llegado el día de pasar al purgatorio de prostitutas.

Patty la encontró sentada en la escalera cercana al pasillo. Su cabeza reposaba sobre las piernas y sus brazos cruzados hacían las veces de almohada. Vestía ropa de trabajo: sobretodo de cuero sintético, minifalda roja, top negro escarchado, zapatos transparentes con plataforma y una cabellera tan dorada y larga como falsa. Con sutileza la llamó por su nombre mientras palpaba su espalda.       

Estrella alzó su mirada. Las lágrimas nocturnas estaban inmortalizadas en su rostro; eran negras y deformes como su nuevo día. Un maquillaje dramático al estilo de “Estrella, la dueña de la noche”, como solían venderla. Se desvaneció nuevamente sin decir palabra.

Patty la alzó como pudo. Tomándola por las axilas logró ponerla en pie cual marioneta. La arrastró  hasta la sala dejando al descubierto su costumbre de no usar ropa interior. Terminó en el sofá entre sostenes y pantaletas de previas noches. El olor a ron que expedía se mezcló con la química humana añejada, un aroma que le era ajeno desde hacía 47 días, más de un mes sin estar en el ruedo.

No era primera vez que la encontraba en esas condiciones. Una buena noche de farra – pensó Patty. Se sentó en el sillón del frente para recuperar el aliento. Los únicos testigos eran las partículas de polvo que danzaban entre la sombra de las cortinas.

Estrella despertó cansada y con mal semblante. Miró a Patty en detalle y aprovechando la cercanía la sujetó por el rostro. Era el reflejo de aquello que había entregado, de aquello que habían consumido cientos de hombres ausentes de nombre y a veces de rostro. Comenzó a acariciarla, a reconocer el brío de su cuerpo: piel morena tostada, cabello largo y rebelde, ojos grandes con delineado natural, mirada azabache y profunda, de diosa, nariz menuda y labios carnosos con comisuras que provocaban besos de media luna.   
A Patty le gustaba; llegó a cerrar los ojos entregándose a esas manos que descendían con vehemencia. Cuando sintió la presión en el cuello, ya era tarde para frenarla. En segundos apenas y alcanzaba  respirar. Sus ojos buscaban con desesperación los de Estrella. El calor comenzó a invadirla. El latir acelerado rebotaba en las manos frenéticas de su agresora. Realmente estaba siendo asfixiada por Elena, el verdadero nombre de la prostituta que había salvado. Sintió ganas de vomitar, de llorar. Un grito aspirado fue el detonante.

Estrella se vio de pie con las manos temblando. Tenía una energía repugnante, una sensación de saciedad que la aterró. Arrancó en sollozos dejándose caer en el piso. Parecía que le estuviesen rasgando las entrañas. Abrió los ojos y la vio respirando.

Poco a poco las arcadas disminuyeron. La visión le recordó su suerte y la escucha, el desprecio naciente. Vio a Estrella reducida en posición fetal. Gritaba sin voz.    

En los labios se leía “Perdóname”; lo repetía una y otra vez. Su descompón sólo daba para emitir chillidos, que a los oídos de Patty eran una suerte de sacrilegio a la historia compartida.  Se arrastró a su lado. La miró de cerca y juntaron sus manos.

-          Esto no se perdona; se vive, Elena.
-          No me llames así- finalmente habló-  Perdóname.
-          Te digo así, porque fuiste tú quien lo hizo, lo sé. Tus caricias eran de prostituta, pero tus ojos perdidos no.
-          Ya yo no soy eso, ni por más que  quiera. Eso lo decidió Pablo con una simple llamada.
-          ¿Pablo? Siempre serás Elena, aunque te empeñes en borrarlo. Te conozco, recuérdalo.
-          Ya yo no soy prostituta. Bueno sí, una vieja y seca.
-          ¿Y por eso te desquitas conmigo? – dijo Patty liberando su mano.

Estrella sintió un fuego repentino y los techos bajos del apartamento no ayudaban. Se sentía bañada en sudor aunque no lo estaba. Perdía nuevamente el control.

-          No te hagas la víctima. Por ti soy quién soy – refutó.
-          Viste, eres Elena. La tonta Elena, negando el palpitar de su cuca cuando la penetran.
-          A mí no me hables así.
-          Te hablo como mereces. Tú estás aquí porque no sabes ser otra cosa.

Patty se montó sobre ella y haciendo presión con las piernas, logró inmovilizarla. Sopló delicadamente su vientre hasta asegurar que estuviese excitada. Con su lengua recorrió la aureola de los senos y mordió uno hasta hacerla gritar. Estrella hubiese querido insultarla, pero calló.

Cuando comenzó a introducir los dedos en la vagina ya no hizo falta sujetarla. Se contorneaba como serpiente hipnotizada. La estrechó contra sí agarrándola por las nalgas y con fuerza simuló el pene de algún cliente.

-          ¿Te gusta, verdad? – dijo Patty sin obtener respuesta- Ves que eres Elena, Elena la puta, la puta Elena – decía una y otra vez incitándola a moverse, a sentir la humedad de su sexo – No puedes resistirte, puta Elena – cada vez más rápido - Elena la puta, la puta Elena –  más  brusco – puta, puta, puta - más profundo - Elena, Elena, Elena, – más caliente - ¿Te gusta, verdad? Cómo te gusta puta, tonta Elena, acepta lo que eres, una puta con nombre: Elena. La verdadera puta eres tú Elena – más mojado, hasta acabarla.

Greilysu Moreno


14/4/11


Estás frente a los muros de tu suerte
Y dos más dos son cuatro
Buscas las parameras del olvido
Pero todo son huellas y evidencias
Sabes muy bien que estás y es grave
Pides a gritos un vaso de evasión
Quisiera que el cristal del sueño
te acariciara lentamente
pero el cristal del sueño
te niega su frazada

 Juan Cervera



6/4/11

Quédate

Vuelve y quédate.
Por lo menos
quédate en mis sueños.

En tu nave voladora,
en tu nave de vidrio,
daremos un paseo
hacia las playas de aguas templadas.
Allí, donde se tienden en silencio
los que viven sin calma.

Descalzos, y la arena luminosa, la ensenada,
la bolsa con los peces, el muelle lejano,
aquel lugar donde sigues atendiendo barcos,
y subes el puente, y me llevas, de la mano.

Quédate para ese instante
en que toda tu bondad regresa.
Mírame, sonríe,
desmuéstrame que estás bien,
que sabes que yo estoy bien.

No importa lo que digas,
no importa si no entiendo,
háblame con tu sola presencia.
Sí, háblame y dame compañía.
Sobre todo, compañía.

18/3/11

De visita

Hoy hablé con ella. Me miraba con certeza y desinhibición. Dijo que mañana sin importar los intentos dejaré de ser, dejaré de ser la voz que motiva, la sonrisa que evoca, la piel que enciende, el hombro que sosiega y el silencio que complementa.

Me tomó por sorpresa, aun cuando llegó a la hora prevista. La recorrí entera buscando un ápice de humanidad, una sombra que me hiciera resistir a sus sentencias. Fue en vano. Destellaba la verdad en medio de un cuerpo escuálido y jorobado. Sus manos eran largas y delgadas cual raíces de un árbol con muchas historias, quizás más de las que pudiese soportar.

Se sentó en la banca sin llegar a tocarme. Esperó hasta acostumbrarme a su presencia. Llegamos a respirar al mismo ritmo, aceptando que éramos de la misma esencia: sinceras, amantes y unitarias. Yo me negaba a hablar, pues ya había soñado con ese día; jamás mis noches en vuelo habían dejado de advertir mis miedos. Miré nuevamente sus manos y comprendí que la verdad no tienta todos los días. Con el corazón en vilo me aventuré a exigir.

-   Respóndeme sin reparos a qué has venido, pero te suplico que lo hagas con mesura...

Greilysu Moreno

13/3/11

El estanque

Se ha secado la fuente, o más lejano riega,
No tiene agua el estanque abandonado.
Vida que hubo aquí, hoy se niega:
Sólo la taza de piedra se refleja
En la memoria oscilante del pasado.

José Saramago

Otoño

No es ahora verano, ni me regresan
Los días indiferentes del pasado.
La primavera errada se ha escondidoo
En un pliegue del tiempo arrugado.
Es todo cuanto tengo, un fruto solo,
Bajo el calor de otoño madurado.

José Saramago

23/2/11

No importa lo que se vea fuera lo importante es lo que uno ve, creer que la propia realidad es la realidad misma es una peligrosa ilusión, decía Paul Watzlawick, amante de la India y teórico de la comunicación. No hay una sola realidad sino Realidades como Fractales. Rodrigo Córdoba Sanz.


http://psicoletra.blogspot.com/search?updated-max=2011-02-19T13%3A22%3A00%2B01%3A00&max-results=7

11/2/11

c´est moi

Olas de aire


-     Creo que nos quedamos solas. El frío se hace insoportable.
-      Sí, ellas se marcharon sin despedirse, y aún así se veían felices.
-     ¿Felices? Si no saben su rumbo.
-     ¿No las escuchaste reír mientras las olas del aire les hacían cosquillas?
-     No sé porque les causa gracia, yo estoy cansada de ella, lo único que hace es despeinarme, estoy casi destruida.
-     También siento que he perdido mi candidez, tal vez es mejor dejarnos llevar.
-     Es imposible, no sé qué será de nosotras.
-     Nos está invitando a una aventura y eso suena bien.
-     ¿Tú crees que esto es un juego? Para permanecer es vital no dejar que cualquier risueña nos enamore con caricias ligeras.
-     ...Son tan suaves!
-     El control es la base de nuestra existencia o ¿crees que vas a lograr mucho andando de rama en rama?
-    Quisiera andar por las nubes y de vez en cuando visitar a los árboles, escuchar sus historias y, con suerte, posarme en un nido que acogerá a nuevas vidas.
 Todo es transitorio, así que déjate fluir 

22/1/11

Saltarines

Lo mejor de mi 2da. clase de dibujo.

13/1/11

Pensamientos de Armando Reverón


* "No podía pintar sino amaneceres. Pintándolos se me olvidaban siempre las gaviotas.  Debe ser porque el color de su vuelo tiene la luz en otras horas”.  
 
* “Vine aquí (a Macuto) a encontrar la sencillez y me encontré con la realidad”. 
 
* "El lienzo está en blanco y cada pincelada es un pedazo del alma".
 
 * "Cuando yo hablo yo soy Dios, cuando tù hablas, tù eres Dios. Dios está en el color ¿No lo ves?".
 
* “Una vez que se empieza hay que seguir haciéndolo. Un cuadro no se termina nunca”.
 
* “Cada hora es de un color distinto, y uno siente el paso de una a la otra”.


  * Tomado de Reverón: Voces y demonios, de Juan Calzadilla

10/1/11

Quijote interactivo

Love it

Dulce

No se que pasa conmigo (no lo sè)
pensando en ti una vez más
(una vez más)
siempre te he pertenecido
(sólo a ti)
no lo he querido aceptar
lo que me tiene atrapado
y ahora lo puedo entender
es el sabor de tus labios
que me hacen enloquecer

Ya los besé una vez
y ahora me cuesta creer
que son los mismos labios que besaba ayer

Ya los volví a besar
y ahora me cuesta pensar
que es la misma boca
que dejé pasar...

Amigos invisibles

8/1/11


Las piedras descansan en la fría arena 
y yo sin poder tocarlas.

Susurran sus temores 

y yo sin poder estar allí.

Acarician sus imperfecciones 

y reconocen su historia.

Develan sus tamaños 

en la sombra de la nada.
  

De qué vale ser como ellas 
cuando mi naturaleza es otra. 


** Dibujo y texto: Su

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