17/5/10

Roce salvaje

Sofía se mueve de un lado a otro culpando al asiento por su incomodidad; es mejor que reprocharle a su faja talla s, que le haría pasar de “l” de “luna” a “s” de “sol”, de oscura a radiante, cuando de verdad el vaivén es una negación a su decadencia.

En el fondo se escucha: “Señor su equipaje de mano no puedo ir allí porque está en salida de emergencia. Si me permite le ayudo”… ¡Qué maravilla! - piensa Sofía - Una salida de emergencia que será manejada por un anciano con diabetes segura, hipertensión e historial de infartos, al juzgar por su peso y el pastillero que se deja entrever en el bolsillo de su camisa a cuadros; una razón para incrementar su miedo a volar, sin embargo no se atreve a notificar su queja.

Suena el teléfono. Es quien no debe ser. Una voz íntima quiere saber cómo está, dejando atrás los acostumbrados “te quiero” y los fulminantes “te quedan grande mis te quiero”. "Todo chévere, gracias a Dios", le responde mientras sostiene el celular entre el hombro y cuello, buscando en su bolso lo que será su lectura aérea: días de salvajismo -como sus sueños con él-.

Palabras van a vienen, pero a Sofía poco le importa el nuevo repertorio de cariño verbal de su ex, encabezado por “amiga”. El libro ahora reposa en sus piernas y la engorrosa posición continúa, amenazando con el liso falso de su cabello y su tortícolis matutina; inconscientemente sus manos están más a gusto acariciando la portada tapa dura de las 327 páginas que le recuerdan lo único por lo que ha apostado, sus ganas de consolidarse como escritora. Con un chao simple, se despide y espera que él tranque ansiando su último respiro.

La aeromoza, ahora, se encuentra en el pasillo indicando con mucha diligencia la forma correcta de colocarse el salvavidas y señala, como miss universo, las salidas de emergencia, como aquella donde ahora ronca con la boca abierta el anciano de camisa cuadros.

Se siente la presión en los oídos y el cuerpo se pega a la silla. La ciudad toma distancia y muestra un rostro amable…como quisiera que eso ocurriera con su vida, simplemente alejarse y llegar a verla con ojos de cariño. El libro aguarda por ser descubierto, ya caliente luego de tantas caricias. Lo abre rozando a su compañero de fila.

- Interesante título para una obra literaria. ¿Quieres aprender a ser salvaje o sólo estás aprendiendo nuevas técnicas?, dijo aquel hombre con voz ronca seguido por una sonrisa.

Sofía, desafiando la presión del despegue, se acercó para ganar intimidad. “Léeme”, le susurró dejando caer sus días de salvajismo en la entrepierna.

1 comentario:

Sofia Alejandra dijo...

Conozco a ese tipo de ex, la conversación termina tornándose aburrida y sin sentido cuando el sentimiento se ha ido.

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