Moi
7/4/11
6/4/11
Quédate
Vuelve y quédate.
Por lo menos
quédate en mis sueños.
En tu nave voladora,
en tu nave de vidrio,
daremos un paseo
hacia las playas de aguas templadas.
Allí, donde se tienden en silencio
los que viven sin calma.
Descalzos, y la arena luminosa, la ensenada,
la bolsa con los peces, el muelle lejano,
aquel lugar donde sigues atendiendo barcos,
y subes el puente, y me llevas, de la mano.
Quédate para ese instante
en que toda tu bondad regresa.
Mírame, sonríe,
desmuéstrame que estás bien,
que sabes que yo estoy bien.
No importa lo que digas,
no importa si no entiendo,
háblame con tu sola presencia.
Sí, háblame y dame compañía.
Sobre todo, compañía.
Fedosy Santaella
Por lo menos
quédate en mis sueños.
En tu nave voladora,
en tu nave de vidrio,
daremos un paseo
hacia las playas de aguas templadas.
Allí, donde se tienden en silencio
los que viven sin calma.
Descalzos, y la arena luminosa, la ensenada,
la bolsa con los peces, el muelle lejano,
aquel lugar donde sigues atendiendo barcos,
y subes el puente, y me llevas, de la mano.
Quédate para ese instante
en que toda tu bondad regresa.
Mírame, sonríe,
desmuéstrame que estás bien,
que sabes que yo estoy bien.
No importa lo que digas,
no importa si no entiendo,
háblame con tu sola presencia.
Sí, háblame y dame compañía.
Sobre todo, compañía.
Fedosy Santaella
18/3/11
De visita
Hoy hablé con ella. Me miraba con certeza y desinhibición. Dijo que mañana sin importar los intentos dejaré de ser, dejaré de ser la voz que motiva, la sonrisa que evoca, la piel que enciende, el hombro que sosiega y el silencio que complementa.
Me tomó por sorpresa, aun cuando llegó a la hora prevista. La recorrí entera buscando un ápice de humanidad, una sombra que me hiciera resistir a sus sentencias. Fue en vano. Destellaba la verdad en medio de un cuerpo escuálido y jorobado. Sus manos eran largas y delgadas cual raíces de un árbol con muchas historias, quizás más de las que pudiese soportar.
Se sentó en la banca sin llegar a tocarme. Esperó hasta acostumbrarme a su presencia. Llegamos a respirar al mismo ritmo, aceptando que éramos de la misma esencia: sinceras, amantes y unitarias. Yo me negaba a hablar, pues ya había soñado con ese día; jamás mis noches en vuelo habían dejado de advertir mis miedos. Miré nuevamente sus manos y comprendí que la verdad no tienta todos los días. Con el corazón en vilo me aventuré a exigir.
- Respóndeme sin reparos a qué has venido, pero te suplico que lo hagas con mesura...
Greilysu Moreno
Greilysu Moreno
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