6/8/10

Escena el secreto de sus ojos I parte

Dos tazas con café recién servido son cómplices de la primera lectura del manuscrito que guarda sus secretos. Benjamín es el autor que trata de reivindicar su vida en decenas de páginas e Irene la privilegiada de leer una historia que también fue suya.


Mientras ella recorre las líneas sin perder concentración, los ojos azules de Benjamín la observan. Su cabello castaño oscuro, peinado de lado, deja al descubierto sus ojos verdes, aunque escudados con unos lentes que anuncian el desgaste de los años. Ella termina de leer y desnuda su mirada. Ahora, el azul profundo se encuentra con el verde de esperanza perdida.

4/8/10

Uno de los Gaviria

Sus labios carnosos no paran de contar historias. Paula es así, piensa que, tras revelar sus secretos, Iván se dará cuenta de que la ama. Pocas veces ella se expone, pero él no es cualquiera; él es como ella.

Sentados en la mesa más escondida del club, Paula no se atreve a tocarlo, aunque con las palabras le ha robado besos imaginarios. El cabello negro, los ojos miel y la nariz puntiaguda le advierten que Iván es uno de los hermanos Gaviria.

Él la escucha sin mostrar emoción. Ella le habla de su infancia, cuando sus padres murieron, sobre su primer novio, el miedo a dormir sola y la música que la motivó a tocar el chelo.

Finalmente, Paula le toma la mano. Su blusa roja con vuelos hace las veces de corazón palpitando; ella se estremece y tiembla. Él la mira y le recuerda lo que ella se ha repetido decena de veces.

- Me encanta que tomes la iniciativa, dice Iván mientras abre su mano para rozar la palma de la autora de sus pecados familiares.

8/6/10

Estereotipos

El vagón está repleto como cada inicio de mañana. Finalmente logra sentarse. Mira su cabello reflejado en el vidrio y se peina el flequillo. Faltan 11 estaciones antes de llegar a su destino. Busca en el bolso y lamenta haber olvidado su novela del mes.

Al fondo un póster destaca entre la gente apretujada. “Somos tan buenos que no tenemos competencia” sobresale la frase. Evocando la vagancia mental propia del metro, analiza su pertinencia y termina concluyendo que es una gran mentira: “Cómo te atribuyes el calificativo ´tan´ si no tienes comparación. Para que una cosa sea mejor, debe haber otra peor; si afirmas que alguien es bonito es porque lo asocias con otro que es feo y eso hace al primero de mayor belleza”.

Abstraída es su descubrimiento subterráneo, suena el pito que marca el arribo a otra estación. Ya le falta una más. La gente forcejea para salir, unos se empujan y otros se dejan llevan por la ola humana, pero a ella esto no le impresiona, ni siquiera cuando se cae un anciano sin tener la suerte de que alguien lo auxilie. Ella observa sus ropas, la composición de sus rostros y los va marcando.

Morena de 40 años con cabello amarillo y raíces negra, fea. Hombre gordo con pantalones a la cintura y bigotes, prehistórico. Universitaria con escote pronunciado y uñas de gato, regalada.

Se escucha el pito. Ve nuevamente su rostro reflejado en el vidrio, se acomoda la ropa y el cabello, deseando haber amanecido bonita. Sale sin problemas.

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